Newe se conecta a tu correo y te devuelve lo que hay detrás de cada mensaje: tu trabajo, ordenado en procesos y decisiones. Está en construcción y se abre primero a un grupo pequeño de personas y equipos.
Quien lleva su trabajo por correo no tiene un problema de correo: tiene el trabajo enterrado dentro. Facturas, peticiones de clientes, requerimientos, plazos — todo llega mezclado en la misma bandeja, y alguien lo procesa a mano, mensaje a mensaje. Lo que se pierde ahí no son minutos: es el criterio, la atención que debería estar en la decisión difícil y se gasta en decidir si un correo merece abrirse.
Newe no es una bandeja mejor ordenada. Se conecta al buzón que ya tienes —con tu permiso y solo para leer— y entiende lo que ha pasado en él. Desde el primer día te enseña tu trabajo como es de verdad: tus procesos, con números; las decisiones que piden tu juicio; y las fechas que se acercan, cruzadas con lo que tu propio correo dice de ellas. Lo repetido, lo rutinario, lo que ya sabes cómo termina, deja de pedir tu atención.
Cada proceso tendrá su propio nivel de ayuda, y serás tú quien lo suba, cuando te fíes: Newe empezará ordenando, después preparará, más adelante actuará. Con una regla fija en todos los niveles: lo irreversible se confirma contigo, siempre. No es automatización ciega. Es tu criterio, aplicado donde tú ya sabes lo que quieres.
Para cualquiera que gestione procesos por correo: personas, equipos y empresas de cualquier tamaño. Empezamos por las asesorías y gestorías de España, donde el problema duele más, con sus obligaciones de serie: qué hay que presentar, cuándo, y si tu buzón dice que ya está en marcha. Sin migrar nada ni cambiar de herramienta: Newe trabaja sobre el correo que ya usas, en tu idioma. El producto es el mismo en cada sector y cada país; lo único que cambia es la lista de obligaciones y plazos de cada sitio.
La factura electrónica y otras obligaciones nuevas, europeas o locales, llegan país a país —Francia en 2026, España en 2027, Alemania en 2027-28— y van a obligar a miles de empresas a digitalizar procesos que hoy viven en el correo.
La IA ya lee y clasifica correo profesional con fiabilidad suficiente. Lo que ha salido hasta ahora hace bandejas más bonitas o borradores sueltos; la casilla de «enséñame mi trabajo» sigue vacía.
Ya se ha visto lo que pasa cuando una IA con acceso a un buzón se deja engañar por un solo correo. Conectarla sin una arquitectura pensada para eso no es un riesgo teórico.
Creemos que tus palabras no deberían cruzar un océano para que algo las lea. Que ninguna debería entrenar a nadie sin que lo sepas. Que la seguridad no es una capa que se añade encima, sino la forma en que algo está construido. Y que Newe mira procesos, nunca a las personas que los llevan.
No son promesas sueltas: son reglas escritas en el propio software, y ninguna se relaja por comodidad.
La IA que lee tu correo solo puede leer. No envía, no busca, no actúa. Si alguien la engaña, lo peor que consigue es un dato mal clasificado — nunca una acción.
Actuar no es cosa de la IA: lo autorizan reglas fijas, y lo irreversible se confirma contigo.
Si algo huele a fraude —un cambio de cuenta bancaria, un remitente que imita a un cliente— se bloquea. Y ese bloqueo no lo levanta ni tu aprobación.
Cada cosa que Newe hace queda anotada con su porqué, y nadie puede borrarlo después. Ni nosotros.
Todo lo que escribe la IA se marca como tal, siempre.
Tus datos se alojan y se procesan en la Unión Europea — infraestructura de Scaleway, en Francia. Nunca fuera del Espacio Económico Europeo.
Estamos construyendo esto con un grupo pequeño de personas, no con todo el mundo todavía. Y si quieres ayudar a construirlo —con criterio, con capital o con las dos cosas—, también.
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